Costura.

Cuando una relación comienza como el hilo del que pende un botón casi descosido, con ese frágil equilibrio que se puede desestabilizar con cualquier movimiento que por error estire hasta la rotura esa ecuación en la que el espacio entre los dos sujetos es también un factor a calcular, hay que tomar decisiones.  Para poder atrapar ese botón y recortar las distancias con la tela, hay que cortar primero ese hilo endeble que entorpece el acercamiento. Cortar significa que el botón puede caer y perderse bajo algún mueble de forma que el sacarlo suponga un esfuerzo que no merezca la pena soportar. Otra posibilidad es que se pueda coser sin problemas, pero cuando el botón es una persona, la tela otra y el hilo el contacto que se establece entre ellos a través del tiempo, coser es un proceso lento.

He disfrutado de las puntadas que nos han dado, han sido una sucesión de respiraciones conjuntas, de silencios, sonrisas y compartición de un espacio en apacible tranquilidad que han recortado distancias y convertido las afinidades en conversaciones cuyo ingrediente principal era la confianza.

 Disfruto, me recreo en ello, pero no dejaré que botón y tela queden completamente unidos; no puedo. ¿Por qué? Porque entonces el hojal atraparía al botón y ya no habría marcha atrás. Y no, no estoy dispuesta a dejarme caer. Ahora no.

Publicado en  on Febrero 6, 2008 at 10:45 pm Dejar un comentario

Días, noches, Arte y DesArte

Desde luego que los fines de semana dan para muchas cosas. La mezcla de poses (de lo más bohemio a lo más cool) en una sola noche puede resultar agotadora para quien tiene que ponerlas. Es duro asunto, lo aseguro.

 El caso es que me alegro por amigos y colegas que están disfrutando de exponer de forma colectiva en una galería de Madrid, bajo el nombre de “Anchoas con chocolate” (en la inauguración aseguraron que habían conseguido bombones con esa mezcla, yo preferí ni olerlos), que estrenaron el viernes.

 Otro asunto es lo de montar una cabecera en plan Días de Cine pero sin la cutrez de Garci, y con el ingenio de una buena amiga. Total, que el resultado es la canción de Otto e Mezzo, esos seis minutazos o así cargaditos de secuencias ridículas y nada típicas de películas, videoclips, documentales y video arte, con la exclusiva y aplastante premisa del “porque sí”, con excepciones que pueden clasificarse con un “por Dios, es obvio el por qué lo hemos metido” -sin dar más explicaciones, porque somos muy modernas y muy pedantes y… tenemos gafas de pasta-.

 Conclusiones:

  1. Tarkovsky -aunque yo lo adore y me emocione con sus secuencias- es un pesao, y sus escenas son eternas.
  2. Tarkovsky junto a El cuchitril de Joe es un montaje genial.
  3. Bergman tiene poquito humor.
  4. Tenemos la indecencia de haber reducido la historia del cine a algo absurdo y depravado, acorde al espíritu ICARUS.
  5. No hay nada más fuerte que ver a Joseph Beuys cantando reagge. ¡NADA!

En fin, que mis días pre-exámenes son de todo menos productivos en el estudio. Todo sea por poder comer con Didi-Huberman.

Publicado en  on Enero 28, 2008 at 2:07 pm Dejar un comentario

Ser.

Siento placer al hacer lo que hago. Es el primer paso para hacer ese algo grande del que hablaba hace tiempo.

 Siento placer al ser.

Está bien, es difícil de explicar, más de comprender…

 Dejémoslo en que siento placer.

… o Placer.

Publicado en  on Enero 10, 2008 at 6:58 pm Dejar un comentario

Joyas

Ella estaba desnuda y, sabiendo mis gustos,

sólo había conservado las sonoras alhajas

cuyas preseas le otorgan el aire vencedor

que las esclavas moras tienen en días fastos.

Cuando en el aire lanza su sonido burlón,

ese mundo radiante de pedrería y metal

me sumerge en el éxtasis; yo amo con frenesí

las cosas en que se une el sonido a la luz.

Ella estaba tendida y se dejaba amar,

sonriendo de dicha desde el alto diván

a mi pasión profunda y lenta como el mar

que ascendía hasta ella como hacia su cantil.

Fijos en mí sus ojos, como un tigre amansado,

con aire soñador ensayaba posturas

y el candor añadido a la lubricidad

nueva gracia agregaba a sus metamorfosis;

y sus brazos y piernas, sus muslos y sus flancos

pulidos como el óleo, como el cisne ondulantes,

pasaban por msi ojos lúcidos y serenos;

y su vientre y sus senos, racimos de mi viña,

avanzaban tan cálidos como Ángeles del mal

para turbar la paz en que mi alma estaba

y para separarla del peñon del cristal

donde se había instalado sola y tranquila.

Y creí ver unidos en un nuevo diseño

-tanto hacía su talle resaltar a la pelvis-

las caderas de Antíope al busto de un efebo,

proberbio era el afeite sobre su oscura tez!

- Y habiéndose la lámpara resignado a morir,

como tan sólo el fuego iluminaba su cuarto,

cada vez que exhalaba un destello flamígero

inundaba de sangre su piel color del ámbar.

Joyas. Charles Baudelaire en Las Flores Del Mal.

Publicado en  on Diciembre 27, 2007 at 11:43 pm Comentarios (1)

Dos confesiones.

“Entre mi arte y el mundo ahora hay un abismo, pero entre el arte y yo no hay ninguno. Al menos, espero que no lo haya.”

“En arte las buenas intenciones no tienen ningún valor. Todo arte malo es el resultado de buenas intenciones.”

De profundis. Oscar Wilde.

 

La segunda afirmación es más imprecisa, de acuerdo. Pero quién no ha sentido eso alguna vez…

 

 

Publicado en  on Diciembre 25, 2007 at 4:45 pm Dejar un comentario

L’orgue à bouche

” Volvió a cerrar la ventana. Este cambio brusco y sin transición, del calor tórrido a los rigores del invierno, le había afectado. Se apretujó entonces junto al fuego, y pensó que sería bueno tomar una cpoa de licor para entrar en calor.

Se dirigió al comedor, en donde, empotrado en una de las paredes, hábía un armario que guardaba una serie de toneletes, colocados en fila, sobre minúsculos soportes de madera de sándalo, y perforados en su parte baja por unos grifos de plata.

A esta colección de barriles, la llamaba Des Esseintes su “órgano de boca”. Una varilla conectaba todas las espiras de forma que pudieran funcionar a la vez con un solo mobimiento. De esta manera, una vez que el dispositivo estaba colocado, bastaba con apoyar sobre un botón disimulado entre la madera de la pared, para que todas las canalillas abiertas al mismo tiempo, llenaran de licor los minúsculos cubiletes, situados bajo cada una de ellas.

El órgano se encontraba allí dispuesto para funcionar. Los registros rotulados Flauta, Trompa, Voz celeste, estaban sacados y listos para la demostración.

Des Esseintes iba bebiendo una gota de aquí, otra de allá; interpretaba de este modo sinfonías interiores, que le llegaban a producir, en la garganta y en el paladar, unas sensaciones análogas a las que la música produce en el oído.

Pues, según él, el sabor de cada licor se correspondía con el sonido de un instrumento preciso. El curaçao seco, por ejemplo, contenía en su sabor el sonido del clarinete, cuyo tono es agridulce y aterciopelado; el kummel correspondía al oboe, cuyo timbre sonoro tiene una resonancia nasal; la menta y el anís, a la flauta, que es a la vez azucarada y picante, chillona y suave; el kirsch suena con la furia de la trompeta; la ginebra y el whisky arrasan el paladar con el sonido estridente del trombón y del cornetín; el aguardiente de orujo fulmina con el estrépito ensordecedor de la tuba; mientras que el raki de Chio y la almáciga retumban como el platillo y el bombo sacudidos a trodo brazo, en la piel de la boca.”

A Contrapelo, Joris-Karl Huysmans.
Copa de licor 
Una invitación a degustar los licores. Beban, criaturas, que las fechas les amparan.
Publicado en  on Diciembre 24, 2007 at 2:14 pm Dejar un comentario

Cambio de ruta

Por cuestiones de formato, mi cajón de sastre se traslada aquí.

Vas

Publicado en  on at 1:28 pm Dejar un comentario
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