Creo que estos Días Sacros podrían ser calificados con exactitud como “fellinianos”.
Todo empezó con una gran cena, hermosísima y deliciosa que, paradójicamente no fue la última, sino el inicio de todo. A partir de ahí, del Ribera y del Bourbon, todo derivó en una noche que acabaría durando veinticuatro horas -o algo más-. Quizá cierto comentario en el que se establecía una comparación entre un grabado y los deseos de cómo deberíamos acabar se convirtió en un canto profético que se vio cumplido cuando todos, veinticuatro horas después, rememoramos lo que había ocurrido.
Juntar a artistas borrachos siempre fue algo arriesgado.
P.D. Hablando de Grabados: William Hogarth resulta un tipo interesante.
La Recompensa De Crueldad (IV estadio de Crueldad)